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Esta semana dieron el galardon al músico/poeta de Minessota. El jurado destacó su caracter austero en las formas y profundo en su mensaje. Escucharle y leerle nunca está de más.

Blowing in the wind

¿Cuántos caminos debe un hombre andar para que lo tengan por hombre?
¿Cuántos mares debe surcar una blanca paloma para poder descansar en la arena?
¿Cuánto tiempo seguirán silbando las balas de cañón antes de ser proscriptas para siempre?

La respuesta mi amigo, esta soplando en el viento.
La respuesta esta soplando en el viento.
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Compadres: El sueño terminó. No puedo decir, afortunadamente, que exista un motivo concreto, pero llevo tiempo sintiendo fenómenos de acabose. Algo difícil de explicar pero que resulta casi palpable viene revoloteando entre los cachivaches del local de ensayo desde hace ya casi dos años. No puedo definirlo pero, desde luego, es hostil.
No es que sonemos mal (no peor que de costumbre, vaya). Nisiquiera nos hemos peleado.
Quizás es precisamente eso. Sonamos como siempre y nos sentimos incapaces de cambiar las cosas para hacerlo de otra manera. Supongo que hemos completado el circulo.
Impera la diplomacia y las buenas formas, cuando hubo un tiempo en el que fui capaz de pelearme con mi mejor amigo para que la banda saliera adelante. Pero el corazon del problema, lo que nos esta avocando a un callejón sin salida, es que intentar algo así no tendría sentido hoy. Ya no se trata de cumplir o no cumplir: Todos, mal que bien, cumplimos. Y nos hemos ganado cada uno el derecho de hacerlo a nuestra manera. Por eso nos respetamos. Tu estilo no es algo susceptible de poner sobre el tapete. Lo tomas o lo dejas, pero no lo cuestionas. Así es como funciona esta banda.
Tenemos cuatro maneras muy distintas de sentir la música y mucho me temo que hemos abarcado todo el espectro sobre el que somos capaces de ponernos de acuerdo.
Pretender obviarlo y mirar hacia otro lado sería rendirse a la inercia y, con todo y con eso, lo único que conseguiríamos sería hacer del final un trance infinitamente mas triste y doloroso, si cabe. Prefiero mil veces la eutanasia. Se trata, ya digo, de conservar el respeto. Entre nosotros y hacia vosotros.
Quiero demasiado a Los Enemigos como para permitir que acabemos siendo algo así como un mero medio de subsistencia o una enfermiza negación emocional de lo evidente. “Antes morir que perder la vida”, que diría mi amigo Alberto Haro si aun siguiera entre nosotros, bendito sea.
Ha llegado, pues, la hora de la despedida. Y vive Dios que vamos a hacerla como es de ley: Con seis cojones mal contados y algún que otro inevitable moquillo…
Solo me resta deciros que, por mi parte, que la decisión ya estaba tomada cuando os presentasteis, y supongo que por eso me he mantenido siempre tan distante. Si he llegado a resultar borde alguna vez, aprovecho la ocasión para pedir disculpas. Solía pensar que por qué no habríais aparecido antes, que a buenas horas mangas verdes, y cosas así. Ya veís, de natural positivo que es uno. Sin embargo, hoy veo las cosas de otro modo, y la aparición del foro no puede antojárseme mas oportuna. Nos habéis regalado mucha vida en este último año tan aciago, tan enrarecido y tan triste para la banda.
Sólo quiero que sepáis lo mucho que os lo agradezco y que lamento de corazón no haber podido contar siempre con la infraestructura o la animosidad necesaria para ofreceros el espectáculo que sin duda alguna os merecéis.
Para terminar, y por si no hubiera quedado lo suficientemente claro todavía, precisaré que esta carta nace de una urgencia estrictamente personal, y que, en consecuencia, no la escribo en nombre de nadie que no sea yo mismo ni mucho menos como portavoz de la banda. Esto es solo mi punto de vista, a fecha de hoy.
En cuanto al futuro, me voy a dar el gustazo de citar de nuevo al ilustre RAMON, no sin antes haceros saber que estoy firmemente decidido a completar mi colección de botellitas de champú de hotel:

“No esperemos que sea definitivamente resuelta la incógnita porque, además de nunca ser definitiva la solución, perderemos lo único que tenemos: la tregua.”

Josele santiago.

Carta de despedida de josele de los enemigos a su gente.

La canción del video la escribió Miguel Hernández hace unos setenta años. Hoy lo escuchaba y releía algunas de sus poesías y pensaba cuan grande es el poder de la palabra. Y que grande es la poesía. El cuerpo de Miguel, el poeta cabrero, murió en una prisión de mala muerte. Su espíritu no, su espíritu nos acompañará siempre que leamos alguna de sus poesías.

 

Confieso sentir en mi lengua el sabor de tu savia
Confieso soñar tus curvas sobre mí
Confieso saborear el gusto de tu sudor
Confieso tener mis labios empapados del sabor de tu sexo cada amanecer
Confieso vergüenza de no gritarte
Confieso falta de ganas de golpearte
Confieso no haber soñado tus labios sangrando ante mí, agrietados por mis golpes
Confieso que en mis sueños exploro tu cuerpo entero.
Confieso querer follarte.
Confieso soñar con tu trasero en mi cara por tiempos infinitos.
Confieso eyacular sobre mis manos convertidas en tu lengua por mi enferma mente
Confieso imaginar mi cuerpo adentrándose en el tuyo buscando tu final
Confieso desear cabalgar tu cintura
Confieso necesitar empapar tu cara.
Confieso soñarme manchado saliendo de ti
Confieso soñarte lamiendo
Confieso tu lengua en la mía
Confieso mi lengua insertada entre tus nalgas
Confieso cansado de amarte en sueños
Confieso verte cada vez que cierro los ojos
Confieso la verdad susurrando en tus oídos
Confieso tu verdad bebiendo tu boca
Confieso sangrar herido por tus afilados pezones
Confieso exprimiendo ácidos jugos sobre las marcas de tus dientes en mi cuerpo
Confieso a petición tuya
Confieso beberte hasta secar tus manantiales
Confieso ingerir tus alimentos
Confieso que comería tu corazón crudo tras abrirte el pecho
Confieso sin rencor
Confieso con miedo de los ojos ajenos
Confieso a oscuras en este oscuro lugar
Confieso darme asco convertido en tu parchís de sábado
Confieso haber soñado dar muerte a la reina de esta partida de ajedrez
Confieso beber valium cada vez que te marchas (la valeriana no es bastante)
Confieso perderte

Los Haikus son pequeñas poesías japonesas compuestas por tres versos de 5-7-5 silabas sin rima. Los japoneses no solo valoran el contenido de los mismos sino la forma grafica, esto en lenguas occidentales se pierde pero aun asi pueden hacerse verdaderas maravillas. Vean como ejemplo estos versos del maestro Borges o estos otros de Bennedeti. Condensar tanto como ellos en tres versos es difícil, desde mi humildad me permito el poner una composición mía:

Cada mañana
te veo, eso me recuerda
que estoy vivo

 

 

¿Se atreven ustedes a poner sus haiku?

La fotografía de aquí


Tú jugabas a soplar la espuma de mi cerveza
Yo a encontrarte detrás de un rizo

Tú ibas de Nancy rubia
Yo de Ken con jersey

Tú no quisiste ningún bar vetado
Yo no renunciaba a mis aceitunas

Tú trajiste el aire del levante
Yo recordaba tierras lejanas

Tú enjugabas lágrimas de cocodrilo
Yo descendía a los sótanos

Tú nos mostrabas el salón de tu casa
Yo la ciudad que me vio nacer

Tú saludabas a la multitud
Yo consolaba a mi soledad

Tú nombraste a los ausentes en un brindis
Yo me tragué las lágrimas

Tú terminaste invocando a Dios
Yo me quedé a cuadros

Tú mirabas a unos ojos azules
Yo hacía una foto perfecta

Tú te marchaste respirando deprisa
Yo volví a trotar por la estepa

Yo me alegraba de volver a verte.
Tú nunca lo dudaste.

El texto es del Sr Zuiker, la imagen de aqui

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