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INTERIOR- NOCHE- UNA VIEJA BUHARDILLA DEL BARRIO DE SACRÉ COEUR PARIS.

Entra en la habitación François Buren, interpretado por Antoine Doinel. Se sienta en un viejo sillón de orejas que llena prácticamente toda la habitación, está colocado frente a un espejo. La pintura de las paredes se cae a cachos por la humedad, múltiples goteras completan la decoración de la escena.

 


François
(Parece que mira a cámara. En realidad mira al espejo)
Bueno, todo lo que empieza acaba… Los ciclos deben de cerrarse… La vida, la muerte, ¿no es todo lo mismo? Hace más o menos año y medio mi amigo y colega Brisuón y yo iniciamos el proyecto “Antes del café”. Un año y medio… Que en tiempo Internet, para los que no lo sepan diré que el tiempo Internet es siete veces más rápido, por ejemplo una leyenda urbana tarda siete veces menos en trasmitirse ahora que con los medios tradicionales y una página web deja de ser actualidad siete veces antes que una revista. Como decía en tiempo Internet es el equivalente a diez años de trabajo.


Suena un teléfono. François lo saca de debajo del sillón y lo descuelga.


François

Aló

Victor Kempler (En OFF)
Oye. Soy Victor Kempler, no te olvides de comentarles lo del tiempo Marvel y los arquetipos.

François
Sí, sí, lo siento… Se me olvidaba.

François cuelga y vuelve a mirar al espejo.

François

Bueno, esto del tiempo Internet no es nuevo. Ya la Marvel tiene su propio transcurrir del tiempo, por eso el tiempo se dilata y los superhéroes no envejecen. Sobre los arquetipos… la verdad es que no sé a qué venía esto de los arquetipos.

François saca una pipa de su bolsillo interior y la enciende.

François
Como decía, después de tanto tiempo todo tiende a consumirse. Como, por ejemplo, el tabaco de esta pipa. Cuando la enciendes, lo que sería el inicio del blog, no se es capaz de sacar todo el sabor. Éste se encuentra en la mitad de la pipa, en el punto álgido, es en ese momento en el que se saca más sabor y en el que las caprichosas formas del humo llegan a hacer preciosas figuras. Por desgracia, después de un tiempo, el tabaco se acaba y por mucho que intentes volver a encender la pipa ya no obtendrás nada parecido a esas preciosas figuras de humo.

El humo de la pipa es sustituido por pompas de jabón, François pone cara de extrañeza y la deja en el suelo.

François
Durante este año hemos conocido gente. Hemos hecho amigos. Nos han leído unas 400 personas diarias, desde el silencio la mayoría…

El teléfono vuelve a sonar, François lo atiende.


François
¿Aló?

Brisuón (en OFF)
Oye, soy Brisuón ¿Qué demonios pasa con los enemigos?

François
Bueno ahora los iba a citar.. no me diste tiempo.

Brisuón (en OFF)
No te di tiempo. No te di tiempo. ¡De verdad cómo eres!

François

En serio Brisuón, que lo iba a decir. Además, ¡venga usted aquí y lo dice!

Brisuón (en OFF)
Estoy muy ocupado….tengo mucho lío….

François
¿Ese lío no se llamará absenta?

Brisuón (en OFF)
Hummm… sí, se llama media botella de absenta en esta terraza de la Valletta. No se imagina cómo se ponen de guapas las mujeres maltesas cuando llega el calor.

François
Bueno, si me deja terminar?

Brisuón (en OFF)
Sí, sí, termina François. Pero es que veía que si no llamaba te dejabas la mitad de las cosas.

François cuelga el teléfono.

François

Amigos, enemigos, mucha gente al fin y al cabo. Pero como decía, esto lleva algún tiempo que no es lo que debería de ser.

Por eso, el Señor Brisuón y yo hemos tomado la determinación de poner fin a antes del café.

Es triste, mucho… al menos para nosotros, pero tiene que ser así. Cómo no, de manera excepcional, volveremos a publicar un post si nos decidimos a abrir algún otro blog. No creo que el talentoso Brisuón tarde en hacerlo, de hecho, el mismísimo Bill Gates le llamó ayer para decirle que la red no puede estar sin él.

Y yo, quién sabe si algún día me animaré a hacer lo propio.
No quiero dejar pasar la ocasión de saludar a los colaboradores que han ayudado a este Blog con sus textos: Pagliacci, Kempler y Zuicker…Si esto fue algún día algo lo fue gracias a vosotros.

 

 

El teléfono suena.

 


François
¿Sí?

Brisuón (en OFF)
Y, ¿qué pasa conmigo?

François
Por el amor de los dioses Sr Çafren, déjeme acabar de hablar.

Brisuón (en OFF)
No, es que veo que una vez más se me va a ningunear.

François
¡Que no!

François cuelga el teléfono.

 

François
Me viene también a la mente, de manera espontánea (sonrisa cómplice), cómo no, mi compañero de camino Brisuón Cafren, con el que nunca he tenido ningún tipo de conflicto durante este año y medio (sonrisa cómplice) y con el que siempre he estado de acuerdo en todas las decisiones por pequeñas que fueran (carcajada).

François
(despues de una pausa dramatica)

Ahora en serio, quiero dar las gracias a Brisuón por el apoyo que me ha dado en este tiempo, hemos tenido nuestros más y nuestros menos como todas las parejas… un momento que nadie piense que me acostaba con ese anciano, yo hablo de otro tipo de pareja, no de ese amor… imaginar su piel arrugada sobre la mía…argggg

François coge el teléfono antes de que suene. Al otro lado del aparato habla una voz con acento canario.


Matías Mayor (En OFF)
Homófobo? Ahora descubriremos que Francois Buren es Homófobo?

François
¿Matías Mayor? No, no, en serio que no es eso a lo que me refería.

Matías Mayor (En OFF)
-Ya, ya, si aquí nos quitamos todos las caretas….

François Burén cuelga el teléfono.

François

Bueno, quería decir que hemos tenido nuestros más y nuestros menos, nuestras historias, pero por suerte ninguna que no haya servido para afianzar nuestra amistad. Creo que eso es todo. Ahora si no les importa… yo me voy a ir marchando antes de que alguien más llame a este teléfono para decirme que olvido algo…

François se levanta y se dirige hacia la puerta. Mientras lo hace, todo lo que contiene la habitación se transforma en un aséptico cuarto blanco. Incluso el propio François empieza a cambiar su tradicional pantalón, jersey y corbata por un pantalón vaquero y una ajada camiseta de manga corta. Cuando esta en el exterior de la puerta se gira y asoma la cabeza por rendija que aún está abierta…

 

François

No si lo que yo decía, todo va muy rápido… el tiempo Internet…

 

En su cara aparecen unas gafas de pasta negras y su pelo se acorta y riza ligeramente… justo cuando cierra la puerta se intuye que su cara cambia hacía un rostro mucho más anguloso….



François (en OFF desde el pasillo canta)

Adiós amigos compañeros de..

Ojalá pudiera despedirme con la mitad de elegancia y grandeza de este hombre.

Gracias por todo este tiempo.

Enlazo hoy este tema del “niñato” y su banda para preguntarles a ustedes si les gustan o no los músicos madrileños.

Por mi parte yo estoy en confrontación conmigo mismo, ya que considero que son básicos en melodías y utilizan casi siempre la misma base acústica, pero por otra, me pongo los cascos y las letras pegadizas y los ritmos fáciles me hacen cantar.

El caso es que si recuerdan lo que yo decía hace más de un año en Zapatillas, y ven ahora este vídeo, entenderán el titulo de este post de hoy.

Esta canción siempre me recordó a dos peliculas. No sé porque hago esa asociación pero tiene algo que me trae a la cabeza las reuniones en las que viejos amigos que ya poco tienen que ver, se juntan para comer o pasar un fin de semana con la excusa de rememorar viejos tiempos y que acaba resultando desastroso por como los demonios que cada uno de ellos llevan dentro son absolutamente incompatibles.

Una es, Los amigos de peter. La otra es una cinta española cuyo nombre no recuerdo, pero que bien podría llamarse septiembre. Quizás de ahí la asociación.

Allí nos encontrábamos, sentados, dialogando de lo grande del territorio americano y les dije, que no conocía nada de los estados unidos de América. No te pierdes nada bueno, me dijo desde la mesa contigua casi sin levantar su vista. Tomaba un café en un vaso de plástico con los chillones colores de aquel restaurante de aeropuerto, si es que a donde ponen comida en los aeropuertos se le puede llamar restaurantes. Aquel café debía estar mareado de las miles de vueltas que su cucharilla había dado ya, generando pequeñas y monótonas espirales que desplazaban sus lados del exterior del vaso al interior para acabar en el eje de un remolino que bien pudo haberse tragado su vida alguna vez.
Algo bueno tendrá, dije, es un sitio enorme y seguro que hay miles de cosas buenas.
Bajó su vista y siguió enredada en el remolino del café. Ignacio hablaba de su corta pero agradable visita a New York mientras el arreglado ejecutivo que iba a Oslo, siguió hablando de la capacidad que tiene los americanos para hacer cosas enormes. Entre las palabras que esta conversación hacían volar a mi alrededor, alcé mi vista y vi como la hermosa muchacha me miraba. ¿Que te han hecho los gringos? pregunté, y me dijo que vivía en Denver hacia ya ocho años y que aparte de trabajo no habían aportado nada bueno a su forma de pensar. Si a mi forma de vivir, dijo, yo vivía en D.F y es imposible estar tranquila allí, es demasiado peligroso, pero lo echo de menos todos los días. Sus pequeños ojos marrones brillaban reflejando el color verde de la publicidad de europcar que yo tenía detrás. Sus gruesos labios, sus perfectos dientes blancos. Podría haberme quedado allí sentado mirando cada detalle de su cara durante días. En aquel momento imaginé que mi vuelo no saldría nunca y que seriamos felices viviendo en aquel terminal del aeropuerto de la ciudad del october festival, y la imaginé fogosa y racial, y la imaginé junto a mí para toda la vida, y entonces, la imaginé cogiendo un vuelo y volví a aquella mesa en la que aquellos que hablábamos el mismo idioma, nos habíamos aliado como islote del sur en aquella latitud, y al que flotando como un naufrago (aunque mas tarde pensé que nadando como una sirena) había llegado aquella apasionante mujer.
En cuanto llegue pondré una reclamación, dijo Ignacio. Ignacio era ingeniero, estaba trabajando en algún enorme proyecto naviero y pudo durante la larga estancia en el maldito aeropuerto contarnos las ventajas de los viajes en barco a lo que se hacía en un avión, que según él, era de todo menos viajar. Creo que le dimos la razón, solo por la situación en la que nos encontrábamos, una de esas situaciones de solidaridad infinita donde te acabas hermanando con gente con la que, en otros lugares jamás te acercarías, y seguramente no por miedo, ni rechazo, ni prudencia y si seguro por prejuiciosos y estúpidos heredados pensamientos.

Fui hasta la cola de la cafetería, allí todo parecían ser enormes filas en esa larga noche y después de casi 15 minutos conseguí dos cafés, el tiempo se había convertido en algo elástico. Hacia más de 15 horas que llegamos allí y aun no nos había llegado el turno de ser atendidos en los mostradores que, treinta metros más al norte del corredor del terminal, iluminaban el mismo. Me dirigí a la mesa de Violeta y le ofrecí uno de ellos, ¿Como te llamas? pregunté a la vez que acercaba el azucarero de metal a su mano. Violeta, dijo ella. Y ¿que hace violeta en Munich si no es mucho preguntar?. Has de tener en cuenta que llevo demasiado tiempo aquí y que la percepción de mis sentidos esta nublada, quiero decir, igual esta pregunta es una grosería y yo no soy consciente, de manera que si lo es, aceptaré un insulto a gritos, total, aquí nadie salvo nosotros cuatro entenderíamos lo que pasa. Ella se rió, no sonrió, se rió con una gran carcajada que consiguió que mis hermanos de epopeya se percataran de mi falta y salieran durante unos segundos de la discusión en la que estaban sumidos.
Entonces me explicó que era su año sabático y que venía de Florencia, de estudiar italiano, y que había recorrido una buena parte de la vieja Europa ella sola. Y me hablo de Zagreb, y me contó como había llegado hasta Skopje, y de lo triste que le resultó Sofía, y luego habló del miedo que pasó en Bucarest y de cómo llegó sola a una estación de tren donde encontró a una mujer que se alarmó de verla sola a aquellas horas y que la impidió continuar su viaje en la noche, invitándola a su casa y convirtiéndose en una de las mejores anfitrionas que tuvo jamás.
Así pasaron las horas, aunque hoy me parece hubieran sido segundos, y por la megafonía anunciaron su vuelo a Chicago, me levante para despedirla y a punto estuve de darle mi tarjeta pero no lo hice, a pesar que me anunció que en otoño vendría a Madrid.
Solo sé que si viene, podré sentir su poderosa presencia.

Compadres: El sueño terminó. No puedo decir, afortunadamente, que exista un motivo concreto, pero llevo tiempo sintiendo fenómenos de acabose. Algo difícil de explicar pero que resulta casi palpable viene revoloteando entre los cachivaches del local de ensayo desde hace ya casi dos años. No puedo definirlo pero, desde luego, es hostil.
No es que sonemos mal (no peor que de costumbre, vaya). Nisiquiera nos hemos peleado.
Quizás es precisamente eso. Sonamos como siempre y nos sentimos incapaces de cambiar las cosas para hacerlo de otra manera. Supongo que hemos completado el circulo.
Impera la diplomacia y las buenas formas, cuando hubo un tiempo en el que fui capaz de pelearme con mi mejor amigo para que la banda saliera adelante. Pero el corazon del problema, lo que nos esta avocando a un callejón sin salida, es que intentar algo así no tendría sentido hoy. Ya no se trata de cumplir o no cumplir: Todos, mal que bien, cumplimos. Y nos hemos ganado cada uno el derecho de hacerlo a nuestra manera. Por eso nos respetamos. Tu estilo no es algo susceptible de poner sobre el tapete. Lo tomas o lo dejas, pero no lo cuestionas. Así es como funciona esta banda.
Tenemos cuatro maneras muy distintas de sentir la música y mucho me temo que hemos abarcado todo el espectro sobre el que somos capaces de ponernos de acuerdo.
Pretender obviarlo y mirar hacia otro lado sería rendirse a la inercia y, con todo y con eso, lo único que conseguiríamos sería hacer del final un trance infinitamente mas triste y doloroso, si cabe. Prefiero mil veces la eutanasia. Se trata, ya digo, de conservar el respeto. Entre nosotros y hacia vosotros.
Quiero demasiado a Los Enemigos como para permitir que acabemos siendo algo así como un mero medio de subsistencia o una enfermiza negación emocional de lo evidente. “Antes morir que perder la vida”, que diría mi amigo Alberto Haro si aun siguiera entre nosotros, bendito sea.
Ha llegado, pues, la hora de la despedida. Y vive Dios que vamos a hacerla como es de ley: Con seis cojones mal contados y algún que otro inevitable moquillo…
Solo me resta deciros que, por mi parte, que la decisión ya estaba tomada cuando os presentasteis, y supongo que por eso me he mantenido siempre tan distante. Si he llegado a resultar borde alguna vez, aprovecho la ocasión para pedir disculpas. Solía pensar que por qué no habríais aparecido antes, que a buenas horas mangas verdes, y cosas así. Ya veís, de natural positivo que es uno. Sin embargo, hoy veo las cosas de otro modo, y la aparición del foro no puede antojárseme mas oportuna. Nos habéis regalado mucha vida en este último año tan aciago, tan enrarecido y tan triste para la banda.
Sólo quiero que sepáis lo mucho que os lo agradezco y que lamento de corazón no haber podido contar siempre con la infraestructura o la animosidad necesaria para ofreceros el espectáculo que sin duda alguna os merecéis.
Para terminar, y por si no hubiera quedado lo suficientemente claro todavía, precisaré que esta carta nace de una urgencia estrictamente personal, y que, en consecuencia, no la escribo en nombre de nadie que no sea yo mismo ni mucho menos como portavoz de la banda. Esto es solo mi punto de vista, a fecha de hoy.
En cuanto al futuro, me voy a dar el gustazo de citar de nuevo al ilustre RAMON, no sin antes haceros saber que estoy firmemente decidido a completar mi colección de botellitas de champú de hotel:

“No esperemos que sea definitivamente resuelta la incógnita porque, además de nunca ser definitiva la solución, perderemos lo único que tenemos: la tregua.”

Josele santiago.

Carta de despedida de josele de los enemigos a su gente.


El Gran Wyoming encargó a Leonardo Dantes que creara una letra para el himno de España. Ahora, desde El Intermedio, está haciendo campaña para que el gobierno la tenga en cuenta.

¿Por qué no? La verdad es que tiene su gracia, y es que no eres nadie hasta que Dantes no te hace una canción.

PD:
El vídeo esta subtitulado así que pueden verlo aunque no tengan tarjeta de sonido en la oficina.

Es jueves, disculpen la grosería. A ver si tienen………… de no silbar.

Un relato de E. Zuiker , espero que les guste:

 

El joven escuchó su nombre al llamarlo la profesora; tragó saliva, se levantó, se dirigió a la pizarra y se puso frente a la clase. Treinta y cuatro pares de ojos le observaban entre curiosos y divertidos con esa mezcla de camaradería y crueldad que se gasta en las clases a la hora de preguntar la lección.

El corazón se le desbocaba, había preparado los versos una y otra vez durante el fin de semana hasta casi soñar con ellos, pero la inseguridad le asaltaba. No es que desconfiase en su memoria, pero el mero hecho de mirar a la profesora le turbaba.

Rondaba los cuarenta, pelo negro negrísimo, labios encarnados y ojos inquisitivos, la primavera había llegado y hacía que la blusa se abriese y mostrase el valle entre dos pechos jugosos. En los segundos que tardó en pasar las páginas del libro, el jugó a adivinar su ropa interior, a soñar el sabor de sus labios y a paladear su perfume en el ambiente.

Se le atrancó la poesía en el tercer verso, retrocedió, comenzó unas cuatro veces. No escuchaba las risas de sus compañeros, tan sólo sentía arder su rostro y temblar las piernas. El enésimo intento de terminar de recitar fue fulminado por un gesto de la profesora casi en el mismo momento de sonar la campana.

La jauría comenzó a correr camino del patio, la profesora le llamó otra vez por su nombre reprendiéndole por su falta de aplicación y como no podía ser de otro modo le impuso el correspondiente castigo. Nada físico, atrás quedaron azotes y golpes de regla, pero nadie le libraría de copiar la poesía íntegra cincuenta veces y entregarla al día siguiente a primera hora.

Aún hoy muchos años después el joven recuerda el camino hasta su casa, como iba sonriendo, silbando, casi saltando. Pleno de placer en una nube iba recitando por lo bajito a Machado:

“Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón…”

Mientras pronunciaba cada sílaba se recreaba en la sensación punzante y ardiente del medio apretón, medio pellizco que su profesora le dejó en la nalga derecha.

E. Zuiker

la imagen de aqui

Y cuentan que así fue como se acabó convirtiendo en el monstruo del que todos hoy huyen. Después que asesinaran al hombre con el que había sido feliz, entendió que jamás podría vivir tranquila si no era libre. Miro a sus hijas, aquellas que con él había tenido, y como los refugiados del pueblo odiado en el monte del mar muerto, cortó sus cuellos. Murieron dulcemente. Los romanos, ante la visión de los cientos de Judíos que en aquel suicidio colectivo quedaban extendidos por toda la cumbre del Masada, se sorprendieron. Las gentes del sur de Antioquía no se sorprendieron, enloquecieron de pánico al ver los cadáveres de las dos chiquillas.
Los pocos que la vieron desde entonces, la describen como el mismísimo diablo, despiadada, sádica y salvaje. Odia a los hombres y desprecia a las mujeres por como pueden llegar a servirlos. En aquellos barrios del oeste de los que se apodero a fuerza de imponer la razón de su cañón, mil leyendas hablan de ella, “La perra”. Se dice que a cada hombre con los que estuvo después de su marido lo marcó como a una res, y no solo en lo físico, ninguno pudo jamás sentir nada por otra mujer de cómo ella les había tratado.

El día que estuve ante ella, mis piernas temblaban, mi corazón golpeaba en el pecho enviando un martilleo a mis oídos que apenas me dejaba sentir la tormenta de arena que cubría la vieja hacienda donde me llevaron. Su mirada era única, intensa, oscura. Uno podía mearse encima con tan solo imaginar lo que aquella mujer decidiría hacerle.

La foto

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